El conde de Sir Naville


- Una conciencia tranquila es la mejor almohada -

Finalmente decidí contar esta historia que, llevada a la realidad pareciese mas bien un cuento lleno de magia y virtudes dignas del azar, los hechizos y la mala fortuna. 

No es mentira que yo pasaba desapercibido ante aquel extraño ser que tal vez, algún día fui. Elegante y terso, fino como la madera tallada con las manos callosas y maltrechas del carpintero que con sutil desprecio... le da forma de arte a un simple trozo de leño. Pero no morí. 



Corría el amanecer, lo hacía con tal vehemente belleza que alcancé a observar como se ponía el sol al alba y me mojaba con sus rayos de luz en la cara, sentí dolor y al fin desperté. Borracho también, con la cabellera larga y (seguramente) mas desarreglada que nunca. Escuché el galope de un caballo que se acercaba velozmente y después de un largo momento encontré el rostro de aquel vivaracho joven frente a mí.  

- ¿Es usted. el conde De Sir Naville?

- No
- Pero... -se hizo un silencio-, me han dicho con seguridad que es usted. salga de esa cueva y acompáñeme.

- ¡Pues te mintieron!, ¡No lo Soy, y no te seguiré a ningún lado!

El sol ya erguido sobre nuestros rostros molestaba la mirada de ambos; me levanté sobre mi costado izquierdo tratando de recordar algún esquicio que alimentara mis neuronas y me permitiese decir algo creíble a aquel noble para que me dejase en paz, pero fue inútil, caí de nuevo en mi lecho, pero esta vez, ya no desperté. 
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Las campanadas de aquel lugar me despertaron casi de golpe.
- "no volveré a beber", "no volveré a beber", "no volveré a beber"
- ¡Calla hombre!, ya fue suficiente... ¿dónde estoy? - pregunté-
- Jajajaja ¿realmente no lo sabes?... El Conde de Sir Naville no sabe que se encuentra en el calabozo del castillo de Rotherdam.. ¡jajaja!

Entonces mis neuronas se encendieron y como si un rayo me hubiese iluminado fui recordando uno a uno los instantes previos a mi encierro... la noche triste en la que fui secuestrado por un cuerpo extraño que me obligó a matar y devorar la sangre de la realeza... uno a uno, con sed infinita que a la mañana siguiente me obligó a esconderme en aquella pocilga sucia, fría y oscura. 

Aquel hombre había dicho lo correcto.

Al menos fue directo, al grano y sin tapujos.. aquella noche yo moriría y con seguridad solo quedaría esta carta que espero.. alguien lea y con un poco de suerte... entienda que los monstruos como yo... nunca pedimos serlo. 

Simples Palabras
GaunArte - Jorge Gauna
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